El dolor de una ruptura no está solo en perder a alguien.
Está en perder la versión de ti que soñabas a su lado.
Te quedas mirando fotos que ya no existen, conversaciones que ya no dicen nada, y te preguntas cuándo se rompió todo.
Pero el amor no se apaga de golpe, se va deshilachando en silencios, en rutinas que ya no abrigan, en miradas que dejan de buscarse.
Y sí, duele.
Duele porque apostaste el alma.
Pero el dolor también limpia.
Quita la niebla. Te devuelve a ti.
Un día, sin darte cuenta, dejarás de mirar atrás.
Y entenderás que no era pérdida, era renacer.
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